Liquen escleroso: cuando el picor, las fisuras o los cambios en tu vulva no son “normales”
Muchas mujeres llegan a mi consulta después de meses —incluso años— con picor, escozor, pequeñas heridas o dolor en las relaciones.
Han probado cremas para los hongos, hidratantes, geles íntimos… mejoran unos días y vuelve a empezar.
Y a veces, detrás de esos síntomas, hay un liquen escleroso vulvar.
¿Qué es el liquen escleroso?
Es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a la piel de la vulva.
Puede aparecer a cualquier edad, aunque es más frecuente después de la menopausia. Y algo importante: no siempre produce los mismos síntomas.
Hay mujeres con muchísimo picor y pocas alteraciones visibles. Otras apenas tienen molestias y, sin embargo, cuando las exploro encontramos cambios bastante evidentes.
Por eso no deberíamos guiarnos únicamente por cuánto molesta.
¿Qué cambios puede producir?
Además de picor, ardor o escozor, pueden aparecer:
- zonas de piel más blanca;
- pequeñas fisuras o heridas que se repiten;
- dolor con las relaciones;
- sensación de tirantez;
- cambios alrededor del clítoris;
- disminución progresiva de los labios menores.
Con el tiempo, si la inflamación no está bien controlada, puede modificar la anatomía de la vulva.
Y esta es una de las razones por las que me gusta decirles a mis pacientes algo muy sencillo:
Mírate la vulva.
No para que estés constantemente buscando enfermedades, sino para que sepas cómo es tu anatomía y puedas reconocer si algo está cambiando.
¿Necesito una biopsia?
No siempre.
Muchas veces podemos diagnosticar el liquen por la historia clínica y la exploración. En otras ocasiones recomiendo una pequeña biopsia para confirmar el diagnóstico o porque hay alguna zona que quiero estudiar con más detalle.
La decisión se toma de forma individual.
¿Y cómo se trata?
Aquí hay un mensaje que para mí es fundamental.
El tratamiento principal del liquen escleroso son los corticoides tópicos potentes, especialmente el clobetasol.
A muchas pacientes la palabra “corticoide” les preocupa. Pero bien utilizado y con seguimiento médico, no es nuestro enemigo: es precisamente lo que nos ayuda a controlar la inflamación y evitar que la enfermedad siga dañando la piel.
Después ajustamos el tratamiento según la evolución de cada mujer.
Los tratamientos regenerativos pueden tener un papel complementario en determinados casos y secuelas, pero no sustituyen el tratamiento antiinflamatorio del liquen.
“Doctora, ya no me pica. ¿Entonces estoy curada?”
Esta pregunta me la hacen muchísimo.
El liquen es una enfermedad crónica. Podemos tenerlo perfectamente controlado, pero eso no significa que debamos olvidarnos de él.
Aunque te encuentres bien, necesitamos revisar periódicamente la vulva.
Además de comprobar que la enfermedad sigue inactiva, el seguimiento nos permite detectar precozmente cualquier cambio que necesite estudiarse. Existe un pequeño aumento del riesgo de cáncer de vulva asociado al liquen escleroso, aunque la gran mayoría de las mujeres con liquen nunca desarrollará un cáncer vulvar.
No quiero que esto genere miedo. Quiero que genere una buena costumbre: tratamiento, revisiones y conocer tu propia vulva.
Si algo cambia, consúltalo
Si tienes picor que vuelve una y otra vez, pequeñas fisuras, dolor durante las relaciones o has notado que tu vulva está cambiando, no asumas automáticamente que son hongos, sequedad o simplemente la edad.
A veces solo necesitamos detenernos, mirar bien y ponerle nombre a lo que está pasando.
Y cuando sabemos qué estamos tratando, todo cambia.


